3ª Etapa TMB: Refugio Le Balme - Refugio Les Mottets


El tercer día amaneció fresco y bastante despejado, no es que hiciese sol exactamente pero por fin pudimos ver asomar algunas cumbres nevadas.
La noche había sido ciertamente peculiar, para mi había sido reparador y de sueño profundo, pero la sonata nocturna de uno de nuestros miembros del grupo (quien sería???) tuvo en vilo a unos cuantos, y el estrés de pobre Inglés de sueño ligero ("stop the noise!!!") provó unas cuantas carcajadas camufladas...



La cena de anoche fue puré de verduras, albondigas y polenta (por fin lo probamos y hasta que no nos dijeron que era, ni lo adivinamos!) y de postre manzana. Para honrar nuestra nacionalidad lo remojamos todo con una jarra de vino tinto.

El desayuno típico de pan con untables nos esperaba...y tambien una sucesión de tres collados cada cual más alto y más duro...asi que con mas rapidez que el día anterior conseguimos ponernos en marcha a las 8.20 de la mañana.



La subida al primer collado se hizo entretenido, oyendo por primera vez y aprendiendo a reconocer para las sucesivas jornadas, los silvidos de las marmotas. Tardamos dos horas justas en llegar arriba.











El collado de Bonhomme (2.329m), el primero de los tres, ya estaba cubierta por una fina capa de nieve y hielo, y el viento helado nos hizo minimizar la parada al maximo; en este punto comenzamos a virar hacia nuestra izquierda dejando atrás el valle por donde habíamos venido en las primeras jornadas.



Por el camino hacia el siguiente collado nos encontramos con dos íbices comprobando a ver quien era el mas macho de los dos, el sendero estaba casi totalmente nevado-helado y había que mirar con cuidado donde se pisaba para no tener un sustillo.





La subida fue gradual comparado con la anterior y en poco mas de media hora llegamos al segundo collado, el col de la Croix de Bonhomme (2.479m) donde hicimos una parada en el refugio para tomar una bebida caliente y comer unas tartas riquisimas.



El refugio me parece recordar, era el mas alto de todo el recorrido, y estaba muy bien, todo de madera y con bastante ambiente. Curiosamente tenían servicio postal. Ah, y el baño exterior no tenía precio...



Una vez descansados retomamos la ruta atacando nuestro tercer y ultimo collado del día, el Col de Fours (2.665m). Esta ultima subida fue ya todo por nieve por un sendero marcado por las pisadas de la gente que iba por delante de nosotros.



Arriba de todo las vistas hacia el nuevo valle eran impresionantes; al fondo de todo se podía ver el pequeño pueblo de le Ville des Glaciers hacia donde teníamos que descender, pero primero teníamos de bajar un buen tronzo por nieve.





La bajada fue larga pero por lo menos para mi, muy entretenida. Una vez superada la zona de nieve, se extendía delante de nosotros una sucesion de praderas alpinas llenas de flores (cierto es no tan vistosas como me las había imaginado), cascadas y riachuelos. La bajada fue muy larga, aunque a todo rato amenizaba por los silvidos de las marmotas.





Hasta el momento los tres días de recorrido me parecían muy diferentes entre sí; el primero con los primeros glaciares, el segundo con el lagos, torrenteras y bosques tupidos, y este tercero de nieve y praderas de alta montaña, y avistamientos de fauna.





Al final de la bajada el día comenzó a medio estropearse, cayendo algunas gotas. Cerca de Ville de Glaciers habia muchas vacas y las "estaciones lecheras" que había leído en algunos blogs de gente que ya había realizado la ruta, para recoger leche para luego hacer esos quesos tan ricos.



Del pueblo a Mottets no quedaba mas que un paseo. El refugio de Mottets estaba bastante bien en general; el comedor era una sala grande decorada con raquetas de nieve, ski, etc de antaño, y los baños eran un edificio nuevo bastante limpio y servicial...y las habitaciones...pues eso era otra historia; eran unas cuadras reformadas y aunque servían para lo que servian, deducimos que ni iba a ser la noche mas comodo ni la mas caliente de las que habiamos pasado hasta el momento.





En este refugio conocimos mas gente que tambien formaría parte de los grupillos que nos ibamos encontrando por el camino, una pareja con su dos hijas que nos dejarían sorprendidos en las sucesivas jornadas por su valentía y dureza, y un tipo francamente extraño que en un momento dado no encontró sus botas.

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